martes, 29 de abril de 2014

LA LUZ QUE ME ALUMBRA


013. La luz que me alumbra

Nací a la luz en marzo
estrenada la primavera,
bendita luz venidera
que me llena de alborozo.

Mi madre en parto primero
con su vientre dolorido,
me abraza una vez nacido
y dice: ¡cuánto te quiero!.

Bendita luz que ahora veo,
aquella que me ilumina,
la que me permite ver,
explorar y conocer
y sentir lo que ahora siento.

Conozco el mundo por ella,
lo veo porque me alumbra
y cuando desaparece
vuelvo a la triste penumbra.

Pasa el tiempo y voy creciendo,
recorro el mundo observando,
explorando y admirando,
todo lo que en el voy viendo.

De aquello  visto y guardado
en el desván de mi memoria,
me voy colmando de gloria,
me siento un ser coronado.

La luz y la edad
Recuerdo la luz primera
tan clara y resplandeciente,
joven, nueva, reluciente,
parece que fue quimera.

Llegó a mi la luz segunda,
colorista y fantasiosa,
inestable y amorosa
joven, alegre y profunda.

Pasó ya la luz tercera,
la del adulto sereno,
la del trabajo mundano,
la compartida a tu vera.

Veo ahora la luz cuarta
entrada ya la cincuentena,
llevo canas con desgana
la vida se me hace acelera.

Vendrá pronto la luz quinta,
algo en mí está cambiando
cuando te observo mirando
y te reconozco distinta.

El Dios que me ilumina
Menos brillo y nitidez
entra en mis ojos callando,
la luz se me va apagando
se aproxima la vejez.

Dime Dios que ahora te siento
quién ilumina mi vida,
la luz del sol recibida,
o tu palabra y tu aliento.

En la inmensidad celeste
con  luz de sol infinita
veo  su mirada bendita
espero que me conteste.

Si no llega la respuesta
iré a la tumba sereno
pensando que no merezco
tan atrevida apuesta.


Ismael Martínez García (febrero de 2014)

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