Brilla el filo de sus ojos
en los párpados de acero,
brillo azul el del lucero
que se refleja en el arma.
Que no me quiere la noche,
que no descansa
mi alma,
me hiere su fiero corte
cuan arista de adarga,
que hace en la herida un tajo,
un releje en tu mirada.
Labios puros de arma blanca,
yo quiero sentir tu filo
deslizándose en mi alma,
abriendo al mundo mi río,
derramando la esperanza.
Ya corre la carrilada
la linfa que allí aparece,
brota en la herida vida,
corre en el cauce y muere.
Ismael Martínez García. Poeta en Gascona a 23-01-2014
No hay comentarios:
Publicar un comentario