301. QUÉ LEJOS AÚN LA VEJEZ
Recuerdo de la infancia que cuando había un cortejo fúnebre en el pueblo, los niños del barrio de Los Cuarteles, en donde yo vivía, corríamos para verlo pasar desde la "atalaya de les escalerines". Cuando aquel episodio de duelo colectivo transitaba por delante de nuestros estáticos cuerpos, en silencio yo pensaba: "Qué lejos aún la vejez".
Qué corto el camino hecho
y qué estrecho a la vez,
qué largo presumo el tiempo,
¡qué lejos aún la vejez!
Con ojos que todo ven,
tan clara y bella hermosura,
tanta placidez,
tan lejos aún la negrura
se atisba desde la niñez
Qué seguridad te ofrece
escuchar el dulce verbo,
el calor de su regazo,
sentir de cerca esa flor,
¡qué tranquilidad su voz!
Despertar con el temor
del sueño que se aparece,
ver su cara de amor
y los labios con mil besos
que brotan del interior
que brotan del interior
y se posan en tu frente
Puericia, que ya la ves,
sentada, esperándote.
¡Qué corto el camino hecho!,
¡qué lejos aún la vejez!
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