Cuando me vaya, no será para siempre,
volveré para ver mis cosas, que ya no serán mías,
y ellas no podrán verme a mí: me ocultaré
tras la columna plateada de la fuente de agua,
entre los setos dormidos del jardín;
caminaré por las sombras del parterre,
camuflado con las flores,
y desde las ramas del ciprés escucharé
los cantos de trigueros y escribanos,
de ruiseñores y jilgueros.
Bajaré volando a descansar bajo la parra;
allí me quedaré mirando... al tiempo...
ya sin fin, desde este jardín, mi campo.
Ya no me iré jamás de aquí;
me convertiré en una estatua de sal y mármol,
y me quedaré para siempre
en este campo, mi jardín.
(En sus primaveras de luz oiré los trinos y los cantos,
buscaré las sombras del estío,
pisaré descalzo en el otoño las alfombras en los prados
y llevaré una boina de nieve blanca en los inviernos).
Ismael Martínez García. Poeta en El Paraíso a 6 de enero de 2015
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