Vestías tul
de color blanco,
de ese blanco interior
que solo tú poseías;
por eso
mi amor,
lucías tanto
Y llegó el misterio
que en cierta hora vino,
misterio divino
que como niebla fina
se posó en el suelo.
Un oscuro reflejo
de azabache negro
le esperaba inquieto
Y tú,
con tu fino brillo
con tu fino brillo
le pusiste el manto
de la alegría
bajo sus pies descalzos
Pisó tu encanto
y se enamoró de él.
Te quiso tanto,
mi amor,
el misterio blanco
que te llevó al edén
Aquí quedó
lo que tú le diste
y él pisó,
y él pisó,
azabache negro
bajo un manto blanco
Yo me consuelo
mirando al cielo;
te veo alegre
en mi interior
¡Te recuerdo tanto,
mi amor!
A veces, lo que más queremos, se va de nuestras vidas para no volver
De "Entre el Cielo y la Tierra"
Ismael Martínez García. Poeta en Gascona a 31 de diciembre de 2014
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