viernes, 12 de diciembre de 2014

LA BATALLA DEL RÍO SOMME


La primera guerra mundial fue el conflicto bélico más cruel y destructivo de toda la historia de la humanidad. La batalla del río Somme fue la más horrible. Más de un millón de personas perdieron la vida en ella. En memoria de aquellos que allí fueron enviados a morir

271. LA BATALLA DEL RÍO SOMME

A ambos  lados del campo
entre velado y dormido
aguarda el miedo arrinconado,
duerme y vela por momentos.
Mil vidas, mil, tiemblan a un tiempo
en espera de la suerte
que es batirse cara a cara,
cuerpo a cuerpo,
la viva vida con la muerte


Empapado el viento del temor que se respira,
sobrecogido el escenario ante el evento,
próximo ya el estruendo,
tensa la vida, rígido el campo,
lamentan árboles y arbustos sus ataduras al suelo,
no poder salir corriendo,
huir del horror que se presiente


Crece el miedo permanente
al acercarse tal momento,
la luna huye tras la noche
y el sol no aparece,
no quiere llegar el día,
de nubes cubierto el cielo
para no ver el campo lleno
de agonía y desaliento


Débil la luz y fría
todo lo alumbra de gris,
todo de gris para siempre
que ya nunca habrá color
en los campos del río Somme

En un halo inesperado
una voz que desgarra los oídos,
alerta a los cuerpos entumecidos
que esperan ya la batalla
Luego un estruendo muy fuerte
y todos corren al frente, al encuentro
de la vida con la muerte,
voces, gritos, miedos cautivos, liberados
en horribles aullidos, desesperados


Mil corazones, mil
de madres que no están allí, pero que ausentes
sienten en sus entrañas
la amenaza de la muerte
Invadidas de frío hielo
congelada la sangre en las venas
gritan: ¡Que pare la guerra!


Quedan dos mil huellas en el suelo
impresas en la historia para siempre
las botas aplastan el terreno: agua, barro, tierra inerte;
las piernas arrastran a los cuerpos
Las mentes piensan lo que dejan
lejos, muy lejos sus sueños, ¡hasta siempre!
Los ojos solo ven miedo
miedo el propio, el de al lado miedo, el  de enfrente
solo miedo acercándose a la muerte


En las manos bayonetas y fusiles
se oyen proyectiles
caen al suelo
heridos o muertos, los primeros guerreros


Las piernas que no paran, arrastran a los cuerpos
siguen los disparos, siguen cayendo los soldados
y al final solo dos quedan
la luz gris, las caras borradas en el barro
las bayonetas que al pecho dirigidas
el pecho perforaron;
cae la vida y se fuga,
brota de los cuerpos la sangre que pronto se torna oscura
y corre llorando en un arroyo, por el mismo campo


Abiertos los corazones a la muerte
se miran los ojos, en un último halo
y en la misma voz se dicen: "hermano"
Huye la vida vencida, queda dueña la muerte
el sol se fue para siempre
Mil corazones, mil, han dejado de latir
Otros mil que no están allí, llorarán eternamente
su sentir.


Ismael Martínez García. Poeta. Comenzó en Gascona y terminó el día de Santa Lucía en El Paraíso. 2014

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