275. HERIDAS, LAS DEL ALMA
Las heridas del cuerpo cicatrizan, las del alma, se llagan
Al acariciar una rosa, me clavó su espina
y me dolió la pena y no la herida
Una espada de acero penetró mi vientre
y siguió la vida, ajena al agujero
Solo un venablo certero de tu desamor
abrió mi pecho a la sangre, que corrió
y me olvidó en el suelo.
Ismael Martínez García. Poeta en El Paraíso a 14 de diciembre de 2014
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