128. A LAS CINCO DE LA TARDE
Hiende el sol en la arena su espada fiera
su brasa ardiente
a las cinco de una tarde cualquiera.
Y lo hace con rencor y saña hiriente, sin sentido
dejando el albero herido, teñido de pura sangre
a las cinco de la tarde.
A la sombra negra él y tú a la sombra clara
sudor y sangre en la arena y en la piel de tu cara pálida
labios de rojo carmín, colorete en las mejillas y en los ojos
tienes prendida, una lágrima blanca.
Ismael Martínez García. Poeta Nava a 29 de septiembre de 2014
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