170. UNA MUJER DESNUDA
Estaba una mujer tumbada
sobre una alfombra verde
debajo de un sauce triste
en una mañana clara
La mujer se desnudó
a la luz del sol naciente
que iluminaba su cuerpo
con ingenua candidez
Muy cerquita, casi al lado
había jazmines y lotos
que la untaron de fragancias
para que oliera a flor, esencia donde las haya
Por allí pasó un galán, adonís de capa y sombrero
que al ver aquel cuerpo entero, al instante se prendó
de su cara, de su alma
de la luz y del olor
Llegó luego el mediodía
y el sol se fue calentando
tentaba su piel tan fina
y con los rayos que son brazos, la envolvía
Y el sauce que lo veía
no paraba de llorar, de los celos se moría
y con sus ramas la cubría, del lucero abrasador
La tarde se demoró y luego cuando llegó
y vio aquella algarabía: el sol, el árbol, la flor
y el galán en agonía...
¡Dios mío, aquí qué pasó!
La mujer se despertó, a última hora del día
se cubrió con hojas secas, protegiendo así su honor
y por la orilla del río, caminando se marchó.
¡Dios mío la que lió!
Iba tan desconcertada que se fue y no dijo, adiós
Y la tarde se apagó, fue perdiendo su fulgor
El galán se fue a cenar, a casa de la patrona
Los jazmines y los lotos, dejaron de perfumar
Y el árbol allí quedó,cubierto de un manto negro
sin fragancia y sin calor
sin aquel cuerpo desnudo que el lucero iluminó
y el siempre efímero tiempo, al final se lo llevó.
y el siempre efímero tiempo, al final se lo llevó.
Ismael Martínez García. Poeta en el exilio a 19 de octubre de 2014
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