domingo, 19 de octubre de 2014

170. UNA MUJER DESNUDA




170. UNA MUJER DESNUDA

Estaba una mujer tumbada
sobre una alfombra verde
debajo de un sauce triste
en una mañana clara

La mujer se desnudó
a la luz del sol naciente
que iluminaba su cuerpo
con ingenua candidez

Muy cerquita, casi al lado
había jazmines y lotos
que la untaron de fragancias
para que oliera a flor, esencia donde las haya

Por allí pasó un galán, adonís de capa y sombrero
que al ver aquel cuerpo entero, al instante se prendó
de su cara, de su alma
de la luz y del olor

Llegó luego el mediodía
y el sol se fue calentando
tentaba su piel tan fina
y con  los rayos que son brazos, la envolvía

Y el sauce que lo veía
no paraba de llorar, de los celos se moría
y con sus ramas la cubría, del lucero abrasador

La tarde se demoró y luego cuando llegó
y vio aquella algarabía: el sol, el árbol, la flor
y el galán en agonía...
¡Dios mío, aquí qué pasó!

 La mujer se despertó, a última hora del día
se cubrió con hojas secas, protegiendo así su honor
y por la orilla del río, caminando se marchó. 
¡Dios mío la que lió!
Iba tan desconcertada que se fue y no dijo, adiós

Y la tarde se apagó, fue perdiendo su fulgor
El galán se fue a cenar, a casa de la patrona
Los jazmines y los lotos, dejaron de perfumar

Y el árbol allí quedó,cubierto de un manto negro
sin fragancia y sin calor
sin aquel cuerpo desnudo que el lucero iluminó
 y el siempre efímero tiempo, al final se lo llevó.


Ismael Martínez García. Poeta en el exilio a 19 de octubre de 2014



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