A la costa del amor
arriba mi velero envuelto
en aura de fuego;
la luz tamizada da frescura
y alivia la ardentía de los ojos.
Un hálito azul
en modo permanente
transforma el cuerpo
a masa celestial
de infinita ligereza,
como páramo yermo
en noche de invierno,
vacío de lo sustancial
salvo su dignidad inherente.
En la costa del amor
quedará para siempre
varado mi velero,
respirando el dulce
oreo del apego.
Ismael Martínez Poeta, entre las bellas flores del estío, a 7 de julio de 2018

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