sábado, 12 de septiembre de 2015

462. EPÍLOGO





462. EPÍLOGO

Prendida de la espinera
soñaba la humilde rosa
que se vestía de seda:
blanca y roja carmesí.

¡Ay, quién pudiera contemplar,
eternamente así,
tan bella estela!

Al pronunciar su nombre
se escuchó una voz quimera,
se abrió en el aire una brecha
y brotó por el agujero
el silencio del mundo entero.
¿Adonde?
Brotó el silencio afuera
veloz como una flecha.

Se entrecortó el aliento;
la noche cubrió de sombras
su misterio: un epílogo cierto
se apoderó de mí.


A veces la sombra es la única luz que ven nuestros ojos.

Ismael Martínez. Poeta en El Paraíso a 12 de septiembre de 2015

No hay comentarios:

Publicar un comentario