Sin luz el cielo, sombra,
sin luz la estrella, umbría,
un tenue reflejo asoma,
de apagada luz de día,
a los ojos de ella.
Penumbra veo, y sombra
en el borroso cielo.
Se fue la luz, negrura.
Ya no hay reflejo, llora
su cara triste en el espejo, ahora.
Adiós dulzura mía.
El cuerpo te pesaba, y el alma te decía: me iré mañana, amada mía
Ismael Martínez. Poeta en El Paraíso a 16 de julio de 2016
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