487. ACOMPAÑADO
Mirada amable la de los ojos de la rosa,
que pausa su vida sobre mis alforjas;
roce suave el de sus pétalos de aroma
que avivan mi sentir.
Alíviame las espinas de ese tallo malnacido
que quieren herir mi carne floja
y ver mi cuerpo abatido.
Acércame gentil esos dulces ojos
y que la bella rosa fluya en mi,
su savia clara en mi sangre roja
y acariciar los pétalos de pura esencia
antes de morir.
Inundado de ti, de tu presencia
tomar con fuerza el calor de tu mano,
y dejar mi vida fluir,
caminando acompañado.
Los últimos pasos, lentos, pueden ser los más intensos.
Ismael Martínez. Poeta en El Paraíso a 8 de diciembre de 2015

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