050 La vida es un largo viaje a través de la eternidad del tiempo.
Dos son las improntas que marcan el sino de cada cual: el nacimiento y la muerte, o el principio y el fin.
La vejez es el último tramo de ese pleno viaje, el último acto de nuestra personal obra teatral, para muchos el más triste por causas en exceso evidentes a los ojos de la lucidez.
LA VEJEZ
Henchidas las alforjas del cansancio
el que reporta el trajín rutinario del existir,
el de los agravios acontecidos en los tantos traspiés
sobrevenidos en esa nuestra lucha terrenal.
Cargadas de pérdidas y de soledades,
mermando a cada paso su preciado patrimonio,
el de tan laboriosa y esforzada adquisición:
"Así arriba el viejo a la vejez".
- Aquella mente sabia y serena de la otrora plenitud...
Navega extraviada en el terreno yermo y vacuo del olvido
- Aquél cuerpo templado y sano, en mil habilidades colmado...
Deambula trémulo y débil tras derrotada batalla contra el equilibrio y las fuerzas del mundo
- Aquella red social enhebrada en múltiples actos de la misma obra teatral...
Ahora vaga distante como diáspora en desbandada
O como familia de mal advenimiento
¿Ha sido el viejo vencido por su personal fracaso?
O es el agotamiento esperado y el propio anhelo de saberse dueño de los secretos del mundo quienes denigran su imagen.
Qué es la vejez si no el fin de la batalla,
la retirada a los cuarteles,
el descanso del guerrero o
el momento de la reflexión y del tributo corporal.
Ismael Martínez García. Poeta. Tineo a 6 de julio de 2014
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