20 EL TEATRO DEL MUNDO
Son las dos de la madrugada y me pregunto: ¿qué hago aquí?
en este molesto silencio, en esta noche oscura, maquillada
por la escueta luz de la lámpara que me alumbra,
cuando todos los que estaban ya no están, sospecho
que dormidos acaso, pero ¡quién conoce a ciencia cierta
la vida íntima de cada uno!.
Dormidos o soñados que es otra forma de hacer,
sin rendir cuentas a jueces ni a cónyuges, ciegos
en la impunidad de los sueños y así desahogar
nuestros adentros, ocultos a los exigentes e injustos
impedimentos del mundo, que hacen sufrir
a la carne, y al alma en consecuencia. Rehén
amenazada con horrorosos castigos inimaginables.
Cuántas voces apagadas, cuántos gemidos ahogados,
en estos silencios breves, escasos, lamentablemente.
Cuántos cuerpos liberados, que cada cual anda a lo suyo
y Dios a lo de todos.
¡Qué importa la edad, ni el dónde, ni el con quién, ni tan siquiera el por qué!,
si lo importante somos nosotros, o al menos eso nos parece,
que la duda está presente. La noche pasa.
La primera claridad del día se abre paso en el horizonte.
Se ilumina el escenario. Se maquillan los actores. Adiós
al ruidoso silencio de la noche, que vienen los despertares
del mundo y el trajín bullicioso que los acompaña. El público
espera sentado en las butacas. Se levanta el telón, salen
a escena, comienza la función: comedia, drama o tragedia.
Los aplausos suenan...El día pasa...
Y la noche cada vez está más cerca.
Ismael Martínez García. Poeta. Tineo a 21 de julio de 2014
El reloj enseña las 4:19, ahora
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