020. Campo de San Francisco
Corazón que la ciudad toma por centro,
pulmón verde que ofrece aire bueno,
reserva espiritual de los enamorados,
de las aves, de los niños, y de tus labios…;
de los años que están a pasar el tiempo
y de aquellos que lo apuran por no tenerlo.
Marco ilustre el que separa calle y prado,
campo ayer, campo hoy,…¡campo cerrado!.
Desde arriba La Santa, le dice: ¡basta!,
por abajo La Uría se declara con un: ¡baja!,
pero él, sin despreciar las sugerencias,
sólo manda el agua que cuando llueve arrastra.
Digno marco el que bordea a este Campo,
que no deja indiferente a quien lo mira,
que lo busca, lo encuentra y lo pasea,
y se sienta pensativo en cualquier banco.
En ese impás en que el tiempo se detiene,
cuando de la noche oscura nace el claro día;
del momento del no veo al me deslumbro,
del silencio hiriente al ruido injusto,
de la mañana tranquila a la tarde alborotada
y del corto día a la larga noche sosegada.
Pasos rápidos te cruzan de alborada,
que no miran ni a los lados ni a la cara,
los torcidos y sinuosos subsiguientes,
distraídas huellas de despistados estudiantes,
que hacen tiempo en lugar doquiera,
por no hacerlo en el provecho
de la vida que les espera.
Queda solo el Campo entre mañana,
soledad que dura solo unos instantes,
luego llegan gentes, muchas gentes
de porte denso unas,
otras de paso lento, y me siento porque me canso
y te observo, te estoy mirando,
que el tiempo para mí es largo:
de la mañana a la noche,
de la noche a la mañana,
tanto tiempo es el que tengo para el pensamiento:
“bendito Campo en el que pensando te recuerdo”.
Ismael Martínez García. Poeta y pensador. 4 de mayo de 2014
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