lunes, 8 de junio de 2015

A LA HORA DE LA SIESTA

410. A LA HORA DE LA SIESTA

A la hora de la siesta,
que el calor abruma las piedras,
sube un caballo la cuesta,
con las alforjas llenas.

La calle inmóvil, dormida,
a la hora de la siesta;
las almas quietas,
la grupa una llaga,  herida
por las alforjas viejas.

Vacía, que el calor aprieta,
y las piedras pesan
el abrevadero seco,
nadie su ayuda presta.

Una voz, un gemido
pide clemencia,
y solo a socorrerle llega
la muerte en hora cierta.


Nava, 28 de mayo. El Paraíso, 30 de mayo de 2015


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